Articulo
Paranoia nuclear y extraterrestres en los años cincuenta
En la década de los cincuenta, Hollywood produjo más de cien películas de ciencia ficción. Casi todas compartían un mismo telón de fondo: el miedo a la bomba, al comunista infiltrado y al fin del mundo.
El cine de invasión extraterrestre que estalló en los años cincuenta no habla del espacio. Habla de la amenaza nuclear, de la paranoia anticomunista y del pánico a perder la identidad en una sociedad cada vez más homogénea. Esa es la tesis que recorre El extraterrestre eres tú y que encuentra en esa década su demostración más rotunda.
El libro dedica un capítulo entero a desentrañar el contexto: la Guerra Fría, la doctrina de destrucción mutua asegurada, el macartismo y la transformación industrial de Hollywood confluyeron para producir un género que funcionó como válvula de escape de las ansiedades colectivas. De sus páginas se extrae el siguiente pasaje:
La explosión del género de ciencia ficción en los años cincuenta alcanzó una magnitud sorprendente. Según un análisis cuantitativo basado en los datos del American Film Institute, durante esa década se produjeron ciento diecisiete películas de ciencia ficción —la mayoría norteamericanas—, en contraste con las escasas cinco que se realizaron en los años cuarenta. Estas películas se distinguieron por una serie de elementos característicos y recurrentes como la representación de extraterrestres como entidades amenazantes, escenas de pánico colectivo, la energía nuclear como motor narrativo y un estilo visual sobrio e incluso semi-documental. En términos generales, el subgénero de la invasión extraterrestre adoptó un estilo visual sobrio y, en muchos casos, una estética semi-documental que buscaba otorgar autenticidad y credibilidad a las historias. La propuesta de iluminación cruda y directa, evocadora de racionalidad y tecnología, suponía la antítesis de los claroscuros cargados de misterio que caracterizaban al cine de terror y ciencia ficción de tradición gótica. Esta propuesta buscaba conectar con los intereses y ansiedades contemporáneas acerca de los avances científicos y la amenaza nuclear.
El salto de cinco a ciento diecisiete películas en una década responde a un clima histórico muy preciso. También explica que la mayoría compartieran un mismo esquema: una amenaza exterior, a menudo invisible, que se infiltraba en la vida cotidiana y solo podía ser combatida con unidad y determinación.
El libro explora cómo la política y la propaganda modelaron estas narrativas. La figura del alienígena se superpuso con la del comunista infiltrado que el macartismo había instalado en el imaginario colectivo. Del capítulo «Los invasores del planeta rojo» se extrae este segundo fragmento:
El cine reflejó esta paranoia colectiva a través de un subgénero donde el invasor alienígena infiltrado en forma humana encarnaba estas ansiedades. Películas como Invasores de Marte o La Invasión de los ladrones de cuerpos mostraron cómo las víctimas humanas se transformaban en zombis insensibles y esclavos obedientes —aunque el planteamiento ideológico de La Invasión de los ladrones de cuerpos presenta una evidente ambigüedad e, incluso, puede interpretarse como una crítica a la persecución macartista, como sostendré más adelante. Los convertidos, físicamente indistinguibles de aquellos a quienes reemplazaban, exhibían comportamientos que evidenciaban la pérdida de individualidad y la sumisión a una conciencia colectiva.
La paradoja está servida: una misma película podía leerse como propaganda anticomunista o como crítica a la caza de brujas, según el prisma del espectador. Esa ambigüedad es, precisamente, lo que hace del cine de invasión de los cincuenta un objeto de estudio tan fértil.
El tercer fragmento aborda el fondo filosófico de todo este fenómeno. La filósofa Susan Sontag es la referencia que el libro utiliza para articular la tesis de la catástrofe como centro real de aquellas películas:
En los años sesenta, la filósofa Susan Sontag realizó la aportación sustancial para el estudio de la invasión extraterrestre. En La imaginación del desastre, Sontag expone la teoría de que el cine de ciencia ficción de los cincuenta es un trasunto de los temores a la destrucción masiva de la humanidad. En realidad, estas películas no trataban de ciencia sino de la catástrofe, uno de los temas antiguos del arte. Las técnicas narrativas simplificadas y una estética del espectáculo grandilocuente transforman la devastación en un espectáculo banal y, a la vez, visualmente fascinante.
Las películas de invasión de los cincuenta envejecieron mal desde el punto de vista técnico. Sus efectos especiales resultan hoy ingenuos y sus guiones, a menudo, simplistas. Su valor permanece en lo que revelan —involuntariamente— de la sociedad que las produjo. El extraterrestre eres tú propone un recorrido sistemático por ese archivo de ansiedades, desde el platillo volante de los cincuenta hasta las distopías contemporáneas.
Este texto es un extracto del libro El extraterrestre eres tú.