Articulo
El planeta salvaje (1972, René Laloux), el extraterrestre en la animación onírica
Análisis de El planeta salvaje como obra de animación surrealista que reflexiona sobre opresión, poder y coexistencia entre especies.
Este texto es un extracto del libro El extraterrestre eres tú.
Película completa en Internet Archive
El planeta salvaje (La Planète Sauvage, 1973) es un filme de animación dirigido por René Laloux basado en los diseños de Roland Topor y en la novela de ciencia ficción Oms en Série de Stefan Wul. Es una obra de animación experimental y surrealista que destaca por su estilo visual y la reflexión acerca de cuestiones morales como la opresión, la naturaleza del poder, la coexistencia entre especies y la relación entre la civilización y la barbarie.
Esta película, una de las obras menos conocidas de este ensayo, emerge como una isla de contemplación frente a las grandes producciones norteamericanas, marcadas por su ineludible propósito de rentabilidad. Ya en 1977, en una entrevista a su director Laloux, se menciona que El planeta salvaje, filme que obtuvo muchos premios desde su primera proyección en 1973 —incluido el Gran Premio Especial en el Festival de Cine de Cannes de 1973 (Grant, 2001, pág. 138)— parece haber sido olvidado durante mucho tiempo a pesar de sus numerosos méritos (Laloux, 1977).
En un mundo extraño llamado Ygam, los Draags, una especie avanzada y poderosa, dominan el planeta, mientras los humanos, conocidos como Oms, son tratados como simples mascotas o, incluso, como una plaga. La historia sigue a Terr, un joven Om que es criado como mascota por Tiwa, una Draag curiosa y compasiva. A través de los dispositivos educativos de los Draags, Terr adquiere conocimiento, lo que despierta su deseo de libertad.
Este anhelo lo lleva a escapar y unirse a un grupo de Oms que viven escondidos y que luchan contra la opresión de los Draags. Con el tiempo, los Oms logran desarrollar su propia tecnología y, por fin, logran escapar de la opresión de los Draags al construir cohetes y establecerse en un satélite del planeta Ygam, llamado el planeta salvaje, donde los Oms encuentran un refugio seguro, lejos de la persecución de los Draags.
Este acto obliga a los Draags a reconsiderar su relación con los Oms, ya que su supervivencia también depende de la estabilidad del sistema planetario completo. Finalmente, ambas especies alcanzan un acuerdo de coexistencia. Los Oms mantienen su libertad y autonomía en el satélite, mientras que los Draags abandonan su papel de opresores.
John Grant nos cuenta el impacto que tuvo el estilo visual único de Topor y cómo El planeta salvaje se convirtió en un símbolo del surrealismo animado. Aunque la película sobresalió por su originalidad visual, algunos espectadores contemporáneos, habituados al estilo de Disney, encontraron la atmósfera onírica incomprensible y deliberadamente opaca.
En cualquier caso, los diseños y escenarios eran excepcionales; las caras de los gigantes Draags se convirtieron de la noche a la mañana en imágenes icónicas; y la agudeza del dibujante a la hora de representar las otras criaturas que pueblan el planeta Ygam como salidas de la mente de El Bosco (Grant, 2001, pág. 138).
Laloux, a la pregunta de qué representa para él la ciencia ficción, en sus propias palabras nos cuenta:
La evasión. Es muy importante, la evasión. Contrariamente a lo que pensaban los estalinistas en 1950 y a lo que han creído durante mucho tiempo los comunistas franceses, la evasión hacia lo imaginario es la única forma de liberarse de los monstruos engendrados por el inconsciente colectivo, por el inconsciente de la tribu, por el inconsciente del grupo.
Si, como individuos, queremos sobrevivir, es evidente que debemos luchar contra el inconsciente del grupo, y no se puede luchar contra esto si no es a través de la creación o la inmersión en el imaginario. Esto no es una actitud reaccionaria, sino una actitud revolucionaria, dinámica, creativa (Laloux, 1977).
El planeta salvaje presenta una combinación única de humor tierno y feroz, que ofrece una experiencia sorprendente y cautivadora tanto estética como narrativamente. Los temas principales, como la huida y la supervivencia, se desarrollan a través de una perspectiva singular que invita a la reflexión profunda. Los Draags y los Oms se perciben mutuamente como el Otro, explorando dinámicas de poder y alteridad.
Por un lado, los Draags, que representan a la clase dominante con un nivel superior de civilización, exhiben actitudes despóticas y deshumanizadoras. Su comportamiento se convierte en un reflejo de las relaciones históricas de poder y dominación presentes en muchas sociedades humanas, como las dinámicas de la colonización. A través de una inversión de estas relaciones, la película expone de manera eficaz la injusticia inherente a dichas estructuras.
Por otro lado, los Oms, a pesar de poseer inteligencia, son percibidos por los Draags como seres inferiores debido a su tamaño y falta de desarrollo tecnológico. En contraposición, los Oms ven a los Draags como deidades o seres inalcanzables, aunque también sienten un profundo temor ante el poder abrumador que estos ejercen sobre sus vidas. En este contexto, el extraterrestre se convierte en un símbolo de la dificultad de aceptar y respetar lo diferente.
La evolución social y espiritual constituye un tema central de la película. Los Draags, atrapados en un estado de complacencia, combinan su espiritualidad —representada por sus sesiones de meditación y viajes astrales— con un comportamiento brutal hacia los Oms. Este contraste lleva a cuestionarnos el verdadero significado de ser una especie avanzada.
Hacia el final, tanto los Oms como los Draags se ven obligados a encontrar una solución pacífica y reconocer que ninguna de las dos especies puede sobrevivir sin la otra.