Articulo
El otro siempre ha estado aquí
Mucho antes de que el cine imaginase formas de vida alienígena, nuestra especie ya convivía con otros seres que no eran del todo como nosotros: neandertales, denisovanos, otros homínidos.
Mucho antes de que el cine imaginase formas de vida alienígena, nuestra especie ya convivía con otros seres que no eran del todo como nosotros. Los neandertales, los denisovanos, los floresiensis: otros homínidos que compartieron el planeta con el Homo sapiens durante decenas de miles de años.
Extractos del libro
Los otros homínidos y el origen de la alteridad
En la actualidad, el Homo sapiens es la única especie de homínido que habita el planeta, pero esto no fue siempre así. Durante varias decenas de miles de años, entre aproximadamente hace setenta mil años y hasta hace cuarenta mil años, nuestra especie coexistió en el continente euroasiático con otras del género Homo: neandertales, denisovanos, floresiensis y, quizá, con los últimos especímenes de los erectus asiáticos. […] El escenario de múltiples especies coincidentes en el tiempo y el espacio fue la más habitual en los últimos dos o tres millones de años desde que evolucionamos de los Australopitecos.
— El extraterrestre eres tú, subcapítulo «Los otros homínidos»
La coexistencia estuvo lejos de ser pacífica o simple. El divulgador Adam Rutherford señala que la anatomía neandertal resultaba claramente diferente de los intrusos sapiens, aunque su comportamiento mostraba una cercanía incómoda: cazaban, descuartizaban, cocinaban, producían joyas y expresiones artísticas. Las consecuencias del encuentro fueron determinantes: todos los hermanos homínidos desaparecieron. Sapiens fue la única especie del género Homo que pervivió.
La identidad inquietante
La inquietud de lo casi humano nos provoca, en primer término, extrañeza y confusión, que deriva en una profunda incomodidad y rechazo, pues esa identidad inquietante ocupa un espacio desafiante entre lo conocido y lo desconocido y genera una disonancia en la percepción al contener elementos que contradicen lo que asociamos con lo familiar. Además, en cierta manera, se apela al temor de la falsificación, la duplicación o la pérdida de individualidad.
— El extraterrestre eres tú, subcapítulo «La inquietud de lo casi humano»
Sigmund Freud exploró cómo ciertas experiencias familiares se vuelven perturbadoras al conectar con nuestros miedos y deseos reprimidos. El doppelgänger, las muñecas y autómatas, y sobre todo el cadáver, representan versiones de lo familiar vuelto extraño. El cadáver es un espejo perturbador que nos recuerda nuestra propia mortalidad.
Masahiro Mori formuló en 1970 el valle inquietante (uncanny valley): a medida que los robots y representaciones de seres humanos se vuelven más parecidos a nosotros, generan una sensación positiva hasta cierto punto; cuando la similitud se torna demasiado cercana, aparece el rechazo. El valle inquietante quiebra los límites entre nosotros y ellos, y supone un desafío a la identidad.
El extraterrestre como catalizador del autoconocimiento
A lo largo de la historia, hemos imaginado un conjunto de entidades ajenas a nosotros, los cuales, en realidad, son una manifestación del misterio que rodea nuestra propia existencia. Al mirar al extraterrestre, el humano confronta su propia identidad, reflejado como un extraño en su propia tierra, como un ser deshumanizado que ha perdido la conexión con su esencia.
— El extraterrestre eres tú, subcapítulo «¿Para qué sirve un extraterrestre?»
Los intentos de asimilar lo ajeno suelen abrir otro paso hacia la alienación y, al mismo tiempo, una ocasión de autoconocimiento: obligan a revisar las propias creencias. El encuentro con lo extraño nos saca del círculo cerrado de nuestros sistemas humanos y fuerza otra manera de mirar el mundo.
Los extraterrestres funcionan como balizas para atraernos de regreso a nosotros mismos. Las historias de extraterrestres son el reflejo de nuestra humanidad frente a un espejo. Y la visión que se dibuja suele ser, o bien, la de aquello que hemos olvidado ser o, si escarbamos en los terrores del subconsciente, la terrorífica imagen de en lo que nos hemos convertido.
— El extraterrestre eres tú, subcapítulo «¿Para qué sirve un extraterrestre?»
Esta conexión entre el otro prehistórico, la inquietud de lo casi humano y el extraterrestre contemporáneo sitúa la alteridad mucho antes de la ciencia ficción: pertenece a la historia profunda de la especie. El extraterrestre cinematográfico actualiza un mecanismo de distanciamiento y autoconocimiento que nuestra especie lleva practicando desde que convivió con otros homínidos.
Este texto es un extracto del libro El extraterrestre eres tú.