Articulo
El extraterrestre como espejo de nosotros mismos
¿Por qué nos fascinan los extraterrestres? La respuesta tiene poco que ver con el espacio exterior y mucho con lo que no nos atrevemos a decir de nosotros mismos.
Hay una idea que atraviesa el ensayo El extraterrestre eres tú de principio a fin: los extraterrestres del cine nunca han hablado realmente del espacio exterior. Han hablado de nosotros. De nuestras fronteras, nuestros miedos, lo que callamos, lo que proyectamos en el otro para no tener que reconocerlo como propio.
El libro plantea que la función del alienígena en la cultura contemporánea es la de un espejo incómodo: devuelve aquello que preferiríamos no ver de nosotros mismos. Y lo hace a través de la alegoría, ese mecanismo que permite decir lo indecible disfrazándolo de ficción fantástica.
Del prólogo del libro se extrae el primer gran asidero:
La clave de estas alegorías radica en la incalculable capacidad de la imagen del extraterrestre para actuar como un mecanismo de distanciamiento que nos permite decir lo que, de otro modo, sería indecible por razones políticas, morales o de sensibilidad cultural. Cuando definimos al Otro extraterrestre por su condición inherente de no-humano gracias al juego de contrarios somos capaces de delinear y afirmar lo que entendemos como humano. Esto ha sucedido así desde los albores de la historia, precisamente, porque es un recurso valioso como pegamento social. Los valores de la tribu vecina, en especial, aquellos percibidos como negativos —reales o inventados—, sirven para reforzar los elementos cohesionadores de la propia comunidad. Sean los demonios del infierno o los antagonistas del Panteón, todos ellos desempeñan el rol de subrayar los límites de la moralidad. De manera similar, el extraterrestre invasor, tanto por sus características como por sus carencias, actúa como un espejo que nos ayuda a comprender quiénes somos.
La función del alienígena, por tanto, consiste menos en narrar el cosmos que en trazar la frontera de lo humano mediante su contrario. Cada criatura que llega del espacio dibuja, por negación, el perfil de quien la mira.
El libro continúa desarrollando esta tesis y la lleva un paso más allá. Si el extraterrestre funciona como espejo, su reflejo cambia con cada época: ansiedades, aspiraciones y contradicciones se agrupan en esa figura llegada de fuera. De la introducción se extrae este segundo fragmento:
El extraterrestre en la cultura contemporánea actúa como un espejo de nosotros mismos, puesto que permite confrontarnos con la alteridad y nos revela nuestros temores más profundos, así como lo que hemos olvidado ser. La representación del Otro desafía nuestro sistema de creencias, revela nuestras contradicciones y nos guía hacia el autoconocimiento, atalaya desde la que cuestionar nuestro lugar en el cosmos e imaginar los significados de la existencia en el futuro.
«Lo que hemos olvidado ser»: la frase condensa la ambición del análisis. El extraterrestre refleja quiénes somos, quiénes hemos dejado de ser y quiénes podríamos llegar a ser. La pantalla de cine como confesionario indirecto.
El ensayo culmina su planteamiento fundacional situando cada ficción alienígena en su contexto histórico y social. Todas las películas de extraterrestres, nos dice, deben leerse como documentos de su tiempo:
En este ensayo repasaremos cómo las cintas de extraterrestre, a lo largo de la historia contemporánea, han integrado en su relato una amplia gama de propuestas ideológicas, críticas sociales, temores y traumas, así como inquietudes biológicas, económicas, culturales, políticas o étnicas. El encuentro con el Otro ha representado múltiples circunstancias como la intolerancia racial en sus diversos disfraces, los temores de la Guerra Fría, la bomba, la paranoia macartista, la resistencia a la pérdida del valor del trabajo manual, la tecnología como catalizador de la deshumanización, la inmigración laboral, las fobias del orden patriarcal a los movimientos de liberación femenina, la homofobia en la era del sida, la frontera entre cibernética y biología o la preocupación por el medio ambiente. En todos estos casos, las ficciones aparentemente inocentes de mundos fantásticos en los que humanos y alienígenas colisionan inevitablemente o colaboran deben concebirse como espejos de sus condiciones y posibilidades, expresiones de un contexto sociocultural particular y de las contradicciones que lo sostienen y lo subvierten.
No hay una sola guerra fría, un solo miedo atómico, una sola ansiedad racial: hay un catálogo completo de inquietudes humanas que la figura del extraterrestre ha servido para articular sin nombrarlas directamente. Cada película de alienígenas es, leída con atención, una radiografía de la época que la produjo.
El extraterrestre eres tú propone un recorrido sistemático por ese catálogo. Desde la invasión marciana de los cincuenta hasta el horror cósmico de Alien, desde el primer contacto de Encuentros en la tercera fase hasta la diplomacia galáctica de Star Trek, el libro desmonta la ilusión de que estas películas hablan de otros mundos para mostrar que siempre han estado hablando de este.
Este texto es un extracto del libro El extraterrestre eres tú.